domingo 11 abril
Opinión  |   |

Aún queda mucho por recorrer

La pasada semana volvimos a ver como se celebraban una infinidad de actos edulcorados e insustanciales en nuestros colegios públicos y en nuestros municipios sobre el día de Andalucía. Es imposible que nuestros niños y jóvenes tengan una visión real de lo que pasó el 28 de febrero y menos aún, de toda la lucha heroica que propició que Andalucía fuera reconocida jurídicamente como “nación histórica”.

La referencia fundamental del 4 de diciembre de 1977, momento imprescindible no sólo para Andalucía, sino que cambió el dibujo trazado por las élites, es desconocido por la gran mayoría de andaluces que no lo vivieron. Nos han arrebatado nuestra memoria. Andalucía no es una región, ni un pueblo, Andalucía es una nación.

Es lamentable ver como ese impulso nacional se ha convertido en un “regionalismo de oposición” que no se construye en base a sí mismo, sino como garante del nacionalismo rancio y recalcitrante español en contraposición del nacionalismo catalán. Esa es la carta de presentación de Susana Díaz para su desembarco en Madrid.

Cada año vemos con esperpento como ocurre. De igual forma vemos los actos que se celebran en torno al 8 de marzo. Actos, en muchos casos, insustanciales, y que en otros casos fomentan claramente la desigualdad.

Es “usual” que se fomente desde la Institución el “mujerismo” en estas fechas, con encuentros basados en cocinar, y en definitiva que fomentan estereotipos de género.

Recuerdo como años atrás en mi municipio, Láchar, en torno al 8 de marzo se llegó a un acuerdo para “que no se hablara de política”. Todo ello porque una asociación de Peñuelas quería leer un manifiesto en ese día en contra de la Ley de Gallardón que pretendía dar una vuelta reaccionaria a temas que ya deberían ser desterrados del debate público como es el aborto.

Es irrisorio que se diga que no se puede “hablar de política” el 8 de marzo. Si no se toman posiciones ideológicas y políticas en torno a la desigualdad entre hombres y mujeres se estará perpetuando la desigualdad estructural que existe en nuestra sociedad patriarcal capitalista. Efectivamente, existe una relación clara entre los roles de género y el capitalismo.

En la publicidad, videoclips musicales y multitud de películas y series televisas que tienen un amplio público, se estereotipa a la mujer como una persona débil que bien depende de su pareja o de sus padres.

Se trata de una actualización de los cuentos Disney, donde la joven esperaba que el príncipe azul la salvara. A la mujer le gusta ser agasajada por su pareja y que éste le lleve a restaurantes caros, le compre vestidos, etc. Hay que “mimarla” de esta forma de no ser así se molesta y se pone a gritar. “A las mujeres les gusta el dinero, el poder y el éxito”, escuché en una ocasión en una serie de máxima audiencia. Esta caracterización, muy difundida, tiene una relación directa con la mentalidad y las dinámicas consumistas del capitalismo.

Sin embargo, esto nada tiene que ver con las millones de mujeres que sacan a sus familias adelante, con las mujeres que trabajan en fábricas y en el campo a diario, con las que trabajan en los cuidados, con las que sufren una fuerte discriminación en sus centros de trabajo y se rebelan ante ello o con las muchas mujeres anónimas que son sindicalistas...

Y es que el origen del 8 de marzo y del feminismo no puede desvincularse de las reivindicaciones de las trabajadoras. La lucha por la igualdad es una lucha obrera.

Feminizar la política no es introducir la “idea de los cuidados”, en mi opinión eso es perpetuar esos roles de género tan dañinos. Es decir, para algunos feminizar la política es actuar bajo ideas que supuestamente están relacionadas con la mujer, como cuidar del prójimo, la tranquilidad o el amor a los demás. No sólo es errónea esta visión, sino que es esencialmente machista. En mi opinión, feminizar la política tiene mucho más que ver con la convicción de que debe existir una perspectiva de género en toda actuación política y que se deben abrir espacios decisorios dentro de las organizaciones políticas y las Instituciones donde participen exclusivamente mujeres.

No hay cambio social posible si en los municipios donde gobierna la izquierda real, no damos otro enfoque muy distinto a estos actos, como el día de Andalucía o el 8 de marzo.

Con humildad, pero desde una profunda convicción, en Láchar se celebran por segundo año consecutivo unas jornadas feministas para abordar y reflexionar sobre todas estas cuestiones. Gobernar desde la izquierda no es gestionar las migajas del sistema es ser valiente y poner sobre la mesa las injusticias que sufrimos a diario.

Aún queda mucho por recorrer y revertir esta situación es una cuestión de todas y de todos.

Tony Álvarez
Politólogo y doctorando en Ciencias Sociales

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