jueves 15 abril
Opinión  |   |

Estado erróneo

En psicología viene a definirse habituación (o irrelevancia aprendida) como “la disminución progresiva de la reacción a un estímulo como resultado de su presencia repetida”. Y es considerada como una de las formas más primitiva de aprendizaje. Este concepto puede aplicarse no solo a los sujetos individuales sino también al comportamiento colectivo de los grupos humanos.

No hace muchos días, en la presentación de un libro, llamó poderosamente mi atención una de las ideas expuesta por uno de los intervinientes. Vino a exponer que en este momento uno de los mayores peligros para la democracia en España es sin duda “la normalización de la corrupción”, es decir que la sociedad en su conjunto pudiese llegar a aceptar como normal lo que sin duda, a todas luces, solo cabría pensar como excepcional.

Llevamos ya una larga serie de años donde no dejan de aparecer casos y casos de corrupción política y económica en nuestro país. Cuando creemos que hemos llegado al límite tolerable siempre aparece un caso nuevo, o detalles aún más escandalosos de casos ya conocidos. Pareciera una mancha de aceite que se extiende sin parar. Incluso hay quienes se atreven ya a cuantificar en decenas de miles de millones las pérdidas (para unos, la mayoría de los ciudadanos, ganancias para los corruptos y corruptores) que este tipo de delincuencia nos produce.

El ser humano, por simple instinto de supervivencia y autoprotección, tiende a procurar reducir todos los estados que le producen alerta. Si no puede cambiar las amenazas que le rodean siempre intentará adaptarse a ellas. La habituación es uno de esos mecanismos que le permiten adaptarse a ese medio hostil.

Evidentemente este estado de corrupción que se muestra con toda su crudeza día a día y que implica un enorme latrocinio de lo público, el robo de lo que es de todos, constituye sin duda un elemento de alarma y desasosiego social. Ante él, y su duración en el tiempo, cabrían dos respuestas por parte del cuerpo social, la reacción de defensa colectiva que exige soluciones y reclama responsabilidades, con todas las consecuencias, o la resignación a un estado de habituación donde poco a poco el ruido mantenido de los escándalos acabe por no ser escuchado por el conjunto social, que quedaría inmerso en un estado de resignación colectiva.

Ante esta última opción, elevada al nivel de amenaza contra la democracia, parece que se dirigía la advertencia del ponente. Y es que frente a la extraordinaria excepcionalidad que ha alcanzado la extensión y la gravedad de la corrupción en España no debería caber la habituación. Al fenómeno surgido del 15M se le denominó “de los indignados” y precisamente esa irritación colectiva ha provocado cambios sociales y políticos difícilmente imaginables antes de 2011. Si queremos sobrevivir como sociedad decente, si queremos preservar la calidad democracia no cabe otra opción que mantener socialmente el estado de alerta y convertir la indignación en respuesta colectiva.

Este estado de cosas solo ha sido posible porque no han funcionado adecuadamente los mecanismos de control que toda sociedad moderna y sus instituciones deben mantener. El sistema de controles y equilibrios resultó inoperante.

Pero como ciudadanos, no podemos tolerar este estado de cosas. Ni los intentos de tapar la corrupción o frenar su investigación y castigo. Ni que los culpables pretendan aparecer ahora como los salvadores. Tampoco podemos aceptar que nos traten de construir relatos falsos que pretendan enmascarar la realidad o dirigirnos hacia la resignación.

Todo esto resulta desolador. Pero aún hay esperanza. Ha habido y hay funcionarios, policías, fiscales, jueces… que cumplen con sus obligaciones. Contra viento y marea. Algunos pagando un alto precio profesional y personal. Por eso no podemos decir que llegamos a ser un Estado fallido. Aunque sí podríamos afirmar que nos encontramos ante un Estado erróneo. Corregir el rumbo está en nuestra mano, colectivamente, como sociedad, como pueblo.

Miguel Martín Velázquez
Colaborador de Ahora Sí

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Comentarios

  1. Fernando Barredo de Valenzuela dice:

    Recomiendo, encarecidamente, la lectura de este artículo de Miguel Martín Velázquez, para vislumbrar alternativa.

 
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