sábado 20 julio
Opinión  |   |

La corrupción como normalidad

Este mes hemos conocido la fecha que la Audiencia de Granada ha fijado para el juicio que sentará en el banquillo al alcalde de nuestra localidad, Francisco Maldonado, acusado de prevaricación y tráfico de influencias y alcalde en Gójar desde hace ya seis años; y uno se pregunta: ¿Cómo una persona que lleva imputada en un proceso jurídico de tal magnitud durante una década puede revalidar su mandato en las urnas? La respuesta se va conociendo a medida que se ve el funcionamiento de la institución municipal.

Es posible que influyan las prácticas clientelares que explican la actitud de los populares en cada jornada electoral, donde uno a uno van pasando lista de aquellos que son paseados en autobús a visitar otras localidades, o los que son avisados de unos cursos gratuitos de forma “preferencial” o simplemente aquellos que han sido contratados por unos meses para la ejecución de algún proyecto subvencionado.
Pero no sólo eso, que por desgracia es práctica común en muchas localidades, es posible que influya el escaso nivel político del principal grupo de la oposición que, arraigados en una actitud de enfrentamiento continuo, ocultan las consecuencias de su pasada gestión de gobierno, como el pago de una indemnización de 280.000€ que por su culpa, todo el pueblo tiene que pagar. O la falta de apoyo por parte de quienes fueron sus socios de gobierno, que alardean de ser ejemplo de transparencia y participación ciudadana pero votan en contra de iniciativas de presupuestos participativos sólo porque no era suya…

Aquello que no es una posibilidad, sino una realidad, es que Francisco Maldonado, imputado en un proceso penal por prevaricación y tráfico de influencias, es alcalde gracias a un tercer partido cuyo lema era Cambio y que está demostrando con hechos que una cosa es lo que dice y otra la que hace. ¿Seguirá manteniendo el actual gobierno municipal ahora que se ha fijado fecha para el juicio oral?

Influyan más o menos las causas expresadas, hay un hecho que resulta tan evidente como incomprensible, y es el exceso de tolerancia que tenemos en general la sociedad española con la corrupción. Estamos presenciando atónitos cómo intimidan a fiscales, encierran en la cárcel a jóvenes por el delito de haber escrito un mensaje por redes sociales, a la vez que se libran aquellos que con total impunidad saquean las arcas públicas, esas que se llenan con el esfuerzo tributario de todos y que deben servir para mantener nuestra educación y sanidad públicas y de calidad.

No podemos permitírselo. No queremos que se contagie la sensación de que todos los partidos son iguales y cada vez más personas se alejen de las urnas. No queremos que nos encierren con etiquetas con las que sólo reivindicamos nuestras diferencias y no defendemos aquello en lo que todos estamos de acuerdo.

Ahí puede residir el motivo por el cual tenemos semejante grado de tolerancia incomprensible. Mientras sigamos reivindicando “lo nuestro” y no “lo común” seguiremos siendo ese país de sol y playa donde los corruptos no sólo se libran de la cárcel, sino que encima se les premia con el voto para que sigan gobernando.

Jesús Gutiérrez Osborn
Portavoz del grupo municipal Asamblea Ciudadana de Gójar

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