sábado 10 abril
Opinión  |   |

La guerra del pan

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Para mucha gente decir Alfacar es decir pan. Lo que no todo el mundo sabe es que antes que el pan fue el agua. El agua, ingrediente esencial del pan, pero también fuerza motriz de los molinos harineros que existían en esta zona y que hoy yacen destruidos, expoliados y desprotegidos como denunciaron las III Jornadas "Acequia-te" en defensa de nuestro patrimonio industrial y cultural.

El agua de Fuente Grande que corría generosa a través de la acequia de Aynadamar para dar vida a los habitantes del Albayzin hace ya mil años. Agua de Alfacar hoy vendida por apenas nada a Suez. Acequia de Aynadamar ultrajada por la ignorancia y la desidia culposa de nuestras autoridades.

Pero volvamos al pan, no sólo al que es símbolo de vida y fraternidad sino al de "miga y cáscara " como dice Benedetti. Ese pan que tantas "hambrecicas" ha quitado en el Polígono y en la Haza Grande. Un pan denso que mejora incluso con el paso de los días (el pan "asentao"). Resultado de una actividad ancestral, artesana y familiar, que ha permitido la susbsistencia de muchas familias en este pueblo. Entre otras la mía.

Ese pan que ha dado fama a nuestro pueblo está hoy en peligro por la irrupción del pan industrial. Se trata de un pan de fabricación ultrarrápida y de mala calidad. Precocido y congelado. Producido por industrias que ensayan el modelo depredador de los buques arrastreros que dejan sin vida nuestros mares. El modelo de supermercados "hacendosos", o el de las grandes superficies, que ha provocado el cierre de miles de pequeños comercios tradicionales.

Ahora, estos nuevos tiburones de la panificación, malbaratan el mercado ofreciendo un producto efímero y pobre. Su "competitividad" se basa en la contratación de trabajadores en régimen de semiesclavitud (12 horas, 20 euros) según ha denunciado recientemente el SAT. En la ruptura de los necesarios procesos naturales de fermentación y reposo. En la utilización de harinas malas pero baratas.

Los hornos pequeños y familiares, más de sesenta panaderías, no pueden competir en precio con estas industrias. Han visto como han disminuido sus ventas y sus ingresos. El quince por ciento de la población alfacareña vive de este negocio. El refugio laboral que muchos de nuestros jóvenes encontraba en esta actividad se está desmoronando. La continuidad generacional del negocio está en peligro. La única alternativa que pueden ofrecer es la de ofrecer un producto bueno y saludable.

Algunos de los responsables de este destrozo económico y social son de aquí. Se presentan como empresarios modernos y triunfadores, pero en realidad son los asesinos de la gallina de los huevos de oro. ¿Quién comprará pan de Alfacar si no se puede distinguir de cualquier pan industrial? El empleo que crean es precario y mal pagado, así que ni siquiera esa triste excusa vale

Comprar es un acto político. La última trinchera en la lucha por un mundo más justo y sostenible. Comprad pan de Alfacar a vuestros panaderos de toda la vida. Apoyad con vuestros 70 céntimos iniciativas como la IGP "Pan de Alfacar" que luchan por mantener un pan artesanal de calidad. Defended con vuestro pequeño gesto una alimentación saludable. Ganemos entre todos esta guerra del pan.

José Luis Torres Ibáñez
Concejal de Somos Alfacar

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