sábado 10 abril
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La terrible radiografía del campo granadino y andaluz

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Se dice que las recientes lluvias eran muy necesarias para nuestros campos. Cierto es, pero hablando del campo granadino y andaluz la situación, más allá de las inclemencias meteorológicas, es catastrófica. La situación tanto para los jornaleros como para pequeños campesinos es verdaderamente lamentable. Los trabajadores eventuales del campo, se ven obligados a ir al tajo con unos jornales de miseria, en un entorno hostil donde los incumplimientos de convenio son generalizados. Los pequeños campesinos de la vega de Granada sufren las consecuencias de que cualquier producto como ajos o cebollas, sólo cubren costes si la temporada es buena. En otras ocasiones, vemos como ni siquiera se recolecta el producto porque no se cubren costes.

La caída de la construcción ha conllevado una vuelta al campo. Ahora es extraño ver, cómo ocurría años atrás, parcelas y pequeñas fincas sin labrar. Todo lo contrario, el paisaje de la vega está repleto de alcachofas, olivos o espárragos. Una vuelta al campo, que por desgracia, también ha afectado a nuestros jóvenes más formados, que encuentran en el tajo uno de los pocos reductos para acceder al empleo.

Ante esta nueva situación, un mal año de aceituna, por ejemplo, se nota sensiblemente en la economía real de los pueblos rurales. La aceituna, junto con el espárrago, son prácticamente los únicos productos que permiten cubrir costes y “ganar un poco de dinero.” En un contexto de crisis tan brutal en todos los sectores, con la vuelta a la pequeña propiedad de la vega, si de repente se diera una caída drástica del precio del espárrago, las dramáticas consecuencias serían incalculables, podría significar la ruina de pueblos enteros.

Se han logrado algunas conquistas importantes siempre por el empuje y la lucha. En este sentido el histórico papel del Sindicato Obreros del Campo (SOC) ha sido clave. En su momento el empleo comunitario, el PER, el PFEA, el subsidio agrario, son algunas conquistas que se lograron con sudor y sangre, necesarias pero insuficientes. Es decir, en la actualidad el subsidio agrario es necesario, pero es totalmente insuficiente. Quizá no se entienda bien en el contexto de la vega granadina, donde existen pequeñas propiedades, con un reparto de la tierra más justo que en otras zonas de Andalucía. Sin embargo donde aún existe el latifundio y los terratenientes, acceder al subsidio agrario depende de la voluntad de los patronos. Los jornaleros tienen que mendigar el cumplimiento del convenio y las “firmas” que dan acceso al subsidio. El caciquismo en Andalucía sigue muy vivo.

Hay que ser muy cautos y hay que saber diferenciar a los pequeños campesinos de los grandes terratenientes. Precisamente en un informe realizado por el SOC, sólo 80 familias andaluzas acapararon casi 100 millones de euros de la PAC, sin que se exija producción ni empleo, es decir se cobra por extensión, perpetuando la desigualdad en el reparto de la tierra. Hablamos del “PER de los ricos.”

Así las cosas, los pequeños propietarios deben entender que su lucha es la misma lucha que la de los jornaleros y trabajadores eventuales del campo. Debemos aspirar a soluciones profundas. En primer lugar, no se puede consentir que haya tierras públicas baldías. De hecho la propia Junta de Andalucía es beneficiaria de las ayudas de la PAC por tener grandes extensiones de tierras baldías. Que esto suceda en una de las regiones con más paro de Europa es lamentable.  Las tierras baldías en manos de Administraciones públicas, tanto de la Junta de Andalucía como del Ministerio de Defensa, deberían pasar inmediatamente a manos de cooperativas o de Ayuntamientos para que se pongan en producción.

Otro de los lastres absurdos que debemos soportar es que, teniendo las mejores tierras de Europa, en Andalucía se importen productos. No tiene ningún sentido. Y lo que es peor, productos que se exportan a granel como el aceite –con prestigio a nivel mundial—son embotellados fuera, por lo tanto se aporta valor añadido generando una mayor plusvalía. Dicho de otro modo, otros aportan valor añadido a nuestros productos y se llevan una mayor ganancia. Por tanto, es necesario modificar profundamente las relaciones con la Unión Europea al respecto. Es cierto que España y Andalucía reciben una cantidad no despreciable de dinero de la PAC o de fondos de cohesión, pero ello no puede ir en detrimento de dos sectores claves para Andalucía como la agricultura y la pesca.

No se trataría de una apuesta exclusiva por el sector primario. En la línea de generar valor añadido, la gran revolución del campo andaluz pasa por crear industria. Es decir, se antoja necesario la creación de una industria agroalimentaria paralela a nuestros productos, algunos de ellos como hemos señalado anteriormente, cuentan ya con prestigio internacional.

Sería muy importante en este sentido, la apertura de canales públicos de comercialización para que los productos tengan un valor adecuado. Se necesita sumar esfuerzos en esta línea tanto de las Administraciones como de las cooperativas de trabajadores del campo.

Hay apuestas municipales y de asociaciones interesantes para la protección del campo andaluz, como la creación de huertos sociales, mercados sociales o fomento del cooperativismo, con ejemplos como Peligros, La Zubia o Albolote. Existen también experiencias en zonas rurales para dar empleo directo a trabajadores eventuales del campo, como el caso de Láchar. En este municipio se intentó recientemente la creación de una bolsa de empleo de trabajos agrícolas para dar empleo a trabajadores dados de alta en el régimen agrario y que pudieran acceder a las peonadas necesarias para obtener el subsidio agrario. Sin embargo esta interesante propuesta contó con un sinfín de trabas, por lo que aún no ha sido posible su puesta en marcha, aunque es una lucha que no desiste.

Después de una breve radiografía de la terrible situación del campo granadino y andaluz, y exponer algunas propuestas que entendemos pueden ser muy beneficiosas, debemos añadir que no podemos olvidar que existe aún hoy día en muchas zonas de Andalucía un reparto injusto de la tierra. El 2% de los propietarios posee el 50% de la tierra. No es una lucha “antigua” es una cuestión que está muy presente, no podemos tener miedo a hablar de reforma agraria y de una verdadera revolución del campo andaluz.

Tony Álvarez
Politólogo y Doctorando en Ciencias Sociales

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