miércoles 19 enero
BETIS - GRANADA CF | LA CRÓNICA  |   | Nacho Santana

Un punto menos malo tras una montaña rusa

El Granada CF empata ante el Betis en un partido que comenzó ganando a los 30 minutos y fue una locura en los últimos diez minutos con tres goles

Los jugadores del Granada CF celebran el gol del empate a dos. Foto: LaLiga

Volvía el Granada CF a pisar un terreno de juego solo tres días después de su último encuentro. Los de Diego Martínez, con licencia para soñar por mérito propio, supieron imponerse durante la mayoría del partido al Betis gracias a las brillantes actuaciones de Rui Silva y Carlos Fernández. Sin embargo, pese a tenerlo todo de cara, los visitantes vieron cómo los locales les remontaban con dos tantos en poco más de un minuto. Soldado salvó los muebles en la recta final. Tres goles en diez minutos que marcaron el devenir de un choque calmado hasta entonces.

Esperaban en Sevilla a un equipo cansado, mermado ante las bajas en el centro del campo, pero encontraron a un ejército preparado para el combate. No lo encontraron. Se toparon con un Granada CF que es todo un experto en la guerrilla, esperando su momento para asestar un golpe fatal a su rival, gestionando los tiempos del partido y cerrando filas en torno a su portería, un plan que se vino abajo en los últimos minutos del encuentro.

No tardaron los rojiblancos en avisar con una llegada furtiva de Machís, escorado este lunes a la derecha, en una internada que llegó mansa a las manos de Joel en el segundo minuto del encuentro. Acto seguido, Puertas obligó al guardameta bético a estirarse para despejar a saque de esquina un disparo desde la frontal. 

Tuvieron color rojiblanco los primeros compases del encuentro. Las tímidas llegadas por banda del Betis no eran capaces de inquietar a Rui Silva durante los primeros diez minutos, espacio de tiempo en el que el Granada CF dominó todo el peso ofensivo, obligando a su rival a abrir el campo gracias a lo compacto de sus líneas, que establecieron una zona de presión en la que los de Rubi pudieron entrar con comodidad.

Con el paso de los minutos, los locales fueron asentándose en el partido y encontrando su espacio en la ofensiva gracias a la labor de Emerson. Los rojiblancos exhibieron, por momentos, cierta candidez a la hora de sacar el balón de su área, lo que se tradujo en un par de ocasiones peligrosas para el Betis.

Gracias a esto, los de Rubi mostraron su buen hacer a balón parado, donde supieron crear peligro con cada saque de esquina. A base de prolongar el balón en el primer palo y rematar en el segundo, los hispalenses obligaron a Rui Silva a volar para evitar un gol de Edgar, amonestado minutos antes de esta acción.

Dos minutos después de la providencial mano de Rui Silva cobró importancia la tarjeta amarilla mostrada al central del Betis. Joaquín erró un pase hacia Edgar, encontrando en su lugar a Eteki. El centrocampista avanzó ante el canterano del conjunto sevillano, incapaz de cortar la jugada con una falta, y encontró a Puertas por la izquierda. El extremo se acercó a la meta local y buscó a Carlos Fernández. Fue ahí donde ocurrió la magia. El ariete se mostró por dentro, fintó hacia afuera y volvió a aparecer por dentro para deshacerse de Guardado y batir a Joel entre las piernas. 

Esperó el Granada CF a su momento, se agazapó y atacó justo cuando mejor se encontraba el conjunto hispalense. Un zarpazo certero instantes antes de la pausa para hidratarse y con dos tercios de la primera parte ya transcurridos, todo un gol psicológico de la nueva normalidad. 

Sin embargo, no solo brillan los rojiblancos por su ariete y por su estilo de guerrilla. También cuentan con un muro bajo el larguero, un Rui Silva que supo imponerse por alto en todo momento y que fue crucial evitando el empate de Fekir al borde del descanso volando para interponerse entre la escuadra y el balón.

La pesadilla de Joaquín

Si algo quedó patente, tanto durante la primera parte como durante la segunda, fue el malestar de Joaquín, jugador insignia del Betis. Desde el primer minuto del encuentro sufrió un marcaje cercano de Foulquier que no le dejó ni respirar, siguiéndole en todo momento y obligándole a entrar en esa zona en la que las camisetas rojiblancas se multiplican.

Erró en el gol de los visitantes y dejó patente ante las cámaras su resignación por ello. Intentó tirar de galones y experiencia para ponerle remedio en una brillante internada por banda, pero se topó con Rui Silva. Tras esta acción, se apagó y bajó su rendimiento. 

Para colmo del extremo bético, Diego Martínez dio entrada a los 57 minutos a Víctor Díaz en lugar de Machís, volviendo a esa fórmula del doble lateral que tan buenos resultados está ofreciendo al Granada CF. Instantes después, Rubi sustituyó a Joaquín, que dejó el campo incapaz de solventar su error en el tanto visitante.

Entró también Domingos Duarte, que había sido parte de las rotaciones, para dar descanso a un Germán amonestado e imponer carácter a la zaga. Junto a él ingresó al campo también un Roberto Soldado que acabaría siendo decisivo.

Un penalti, tres goles, diez minutos

Cuando parecía que el encuentro estaba acabado, y tras haber introducido Diego Martínez cambios defensivos, ocurrió lo inesperado. El Betis demostró que hasta el rabo todo es toro provocando un penalti a los 83 minutos de partido. Borja Iglesias se batía en el aire con Domingos Duarte cuando Vallejo le agarró de la camiseta, provocando un penalti infantil que se encargó de transformar Canales para igualar el partido.

Solo un minuto después, a los 87 de partido, Tello puso por delante a los locales en un final alocado. Con el Betis lanzado, el extremo partió por banda izquierda y buscó el interior para sacar su clásico disparo con rosca, un balón que se escondió entre los defensas para batir a Rui Silva por su costado izquierdo.

Sin embargo, si algo tienen en su ADN los jugadores del Granada CF es no rendirse nunca, y así lo demostraron. Ya en el minuto 90, los rojiblancos disfrutaron de un saque de esquina puesto en juego por Víctor Díaz que se paseó por el primer palo para encontrar a Roberto Soldado en el segundo, completamente solo. El delantero orientó el cuerpo y sacó una volea que fijó el empate en un final alocado con sabor agridulce para dos equipos que suman un punto, pero podrían haber sumado tres o ninguno.

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