jueves 22 abril
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Identidad Metropolitana

Aún recuerdo mi paso por el colegio, el único colegio que había por entonces en mi pueblo. Allá por los años ochenta, Ogíjares contaba con unos cuatro mil habitantes. Lejos de los casi catorce mil actuales.

En esos años, era Ogíjares un pueblo pequeño, con esencia de pueblo. Con tradiciones ancestrales. Donde todo el mundo se conocía entre sí, cuando no eran parientes.

Festividades religiosas, fiestas populares o incluso semanas culturales, se convertían en auténticos acontecimientos en la vida del pueblo, en los que todo el mundo participaba.

Un pueblo con una buena parte de su población ocupada en el sector agrícola y que tenía claras cuales eran sus señas de identidad.

El Lugar Alto, el Lugar Bajo y el Barrio Bajo, eran el disperso núcleo poblacional del municipio.

Pero los ochenta avanzaron y el “desarrollo” urbanístico con ellos. Los siete mil habitantes sorprendieron a Ogíjares ya en los noventa, y para el año dos mil, éramos once mil habitantes.

Una evolución que aunque más lenta, no ha parado hasta los trece mil quinientos vecinos que Ogíjares tiene en la actualidad.

Un “desarrollo”, claramente desmedido, pues al municipio le pilló sin capacidad de reacción, ni de adaptación a su nueva realidad, y sus nuevas necesidades.

La necesidad de infraestructuras y servicios será subsanable con tiempo y el esfuerzo de autoridades y vecinos. Pero lo más costoso sin duda, será superar la pérdida de identidad.

Hoy Ogíjares no es, ni puede ser, el municipio agrícola y pequeño del pasado. Y sus tradiciones, evidentemente deberán adaptarse a una nueva realidad, en la cual, la mayoría de sus vecinos, son ajenos a las mismas.

Ogíjares vive desde hace años, una búsqueda de una identidad, que más que haberse perdido, se ha disuelto, entre las miles de nuevas identidades que traen consigo, los nuevos vecinos que han ido llegando.

No puede verse este proceso vivido en las últimas décadas, como un hecho negativo ni de perjuicio o empobrecimiento cultural, sino más bien lo contrario. El resultado de la suma de las partes, siempre debe ser mayor que el de cada una de estas, de forma individualizada. Ese es el reto de Ogíjares y sus vecinos.

No es este un hecho aislado. Pues no es solamente el municipio de Ogíjares el que ha visto incrementada su población de forma exponencial. Los ejemplos son muchos y muy variados en el conjunto del Área Metropolitana de Granada. En algunos de casos ha ocurrido de forma casual y en otros ha sido un fenómeno buscado de manera voluntaria.

Pero puede que precisamente ahí estén las respuestas y las soluciones a muchos de los problemas hoy existentes en los municipios del entorno de Granada.

Quizá ya no es hora de mirar y pensar solo en “mi” pueblo, en mi caso Ogíjares. Quizás debamos mirar como un ente global. Como una entidad de más de medio millón de habitantes, con sus problemas y dificultades. Con sus carencias y necesidades. Pero con un futuro por delante lleno de oportunidades, y un pasado que supone una experiencia vital, una garantía de éxito para superar los problemas del presente.

La identidad metropolitana de los municipios que rodean a Granada, incluso la de los propios vecinos de Granada, debe superar el micronacionalismo egoísta de cada uno de nuestros pueblos, no para olvidar su historia y tradiciones, sino como herramienta para afrontar los retos del futuro.

Gustavo García
Historiador y escritor

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